Radal Siete Tazas y un camino para olvidar

Posted by on 29/10/2011

Aprovechando el fin de semana más largo fuimos al Radal Siete Tazas, parque nacional que queda a 60km de Molina, hacia la cordillera.

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La salida de Santiago ya estaba congestionada; pero avanzamos sin problemas hasta el sector llamado Parque Inglés. Ahí nos quedamos en el camping Las Vertientes, después del puente que finaliza el camino. Espacioso y con arboles grandes que dan buena sombra; pero se empezó a llenar entre sábado y domingo, por lo que se podía escuchar ruido y música desde los otros sitios.

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Algo que fascinó a los niños es que los Hualles o Robles estaban llenos de Dihueñes. Comieron dihueñes directo de los arboles o en ensalada hasta quedar hartos. Nunca habíamos visto tantos juntos.

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El primer día nos dedicamos a descansar, hacer un paseo corto y aprovechamos de ver si se podía dejar parado el camper y sacar la camioneta. La verdad es que entra muy justo, al milímetro, sobre todo por los neumáticos que sobresalen.

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Después del terremoto del 27/02/2010 se secaron las siete tazas, ya que el agua del Río Claro se fue por una fisura. Hoy tienen nuevamente el flujo normal y el Salto La Leona trae bastante agua. Según los lugareños se cerraron nuevamente las fisuras con las réplicas. Fuimos a visitar a píe las Siete Tazas y el Salto La Leona por el lado sur: precioso; pero la vuelta de 5km a pié fue demasiado polvorienta.

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Salto La Leona en el Radal Siete Tazas

El Lunes por la tarde decidimos cambiar de camping. Nos tincó el cartel del Refugio Alto San José, el cual se encuentra a un poco más abajo del Parque Inglés. Se veía prometedor; pero estábamos muy equivocados.

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Este cartel es una “mula”: no existe camping, refugio ni cabalgatas ni nada!

Entramos por el camino indicado y empezamos a subir el cerro. De golpe se empezó a estrechar y ya era imposible dar vuelta. Subimos por un camino maderero con la tracción, el low-range y en primera, con el cerro y ramas rallando el camper a un lado y el despeñadero en el otro. Fue imposible hacer otra cosa que echarle hacia adelante. Llegamos a la cima con los pelos de punta y los niños mudos, esperando encontrar un lodge con spa y tremendas instalaciones; pero había sólo un rancho y un par de animales! Un viejito nos recomendó no bajar por la misma vía, sino seguir por el mismo camino porque recién habían pasado la máquina y estaba “bueno”.

Craso error.

El camino se puso cada vez más estrecho y empezamos a raspar los bordes y techo del camper contra los troncos de los arboles. La situación se puso color de hormiga en medio del bosque, en curvas de bajada con 25º de pendiente y mucho mas estrechas que el radio de giro de la camioneta. En la primera quedamos atrapados y a punto de caer por el risco, enterrados en el trumao. Después de mucho tratar de retroceder, y enterrar cada vez los neumáticos, decidimos usar el huinche para tirar la camioneta y “encajar” la punta nuevamente en el camino. Usamos la eslinga de camión para abrazar varios arboles, y mientras yo trataba de retroceder con la camioneta Karin operaba el huinche y la enderezaba.

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Esta operación la repetimos dos veces y en cada curva nos bajamos a estudiar como la íbamos a tomar. Mandamos a los niños como scouts por delante para calmarles un poco los nervios. Después de 2 horas y 1,7km nos escupió el maldito camino.

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Sólo atinamos a buscar un lugar algo plano, subir el techo, ducharnos y tomar una cerveza helada. Aparte de los raspones en el tacho no le pasó nada al camper, realmente firme el cajón. En esos momentos realmente se aprecia el refrigerador y el agua caliente que tiene este camper!

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El día siguiente amaneció lloviznando; pero aparte de un puente estrecho con bazas podridas pudimos salir sin mayor novedad al camino principal que baja hacia Molina. Nunca habíamos estado tan contentos de salir de una huella. Con el antiguo Mitsubishi Montero habría sido un lindo paseo; con esta “casa sobre ruedas” fue una pesadilla. Moraleja: hay que retroceder en cuanto el camino se empiece a estrechar.

 

Ya en Santiago Werner se pudo dedicar a su “ayuda” favorita. Pasarle la hidrolavadora al camper.

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One Response to Radal Siete Tazas y un camino para olvidar

  1. betobiker

    Llegue de casualidad como visita a vuestra página, muy util, buenas fotos y bien escrita. da gusto, muchisimas gracias !!!

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